La ciencia de la felicidad

Sabemos que gran parte de nuestro nivel de felicidad depende de nuestra actividad intencional.  La ciencia nos informa sobre qué nos hace felices y qué no. En este artículo resumimos los secretos sobre qué nos hace y qué no nos hace felices

El estudio de la felicidad se ha abordado en occidente en las últimas décadas desde muy diversas disciplinas como la psicología, la economía y la sociología. Avanzar en la comprensión de los aspectos determinantes para nuestra felicidad es uno de los campos que ha captado gran atención. Se ha comprendido que los niveles de felicidad de las personas dependen de la genética, de las circunstancias de vida y de la actividad intencional. Se atribuye a este último aspecto aproximadamente un 40 % de nuestro nivel de felicidad. Esto ofrece la posibilidad a disponer de un amplio margen para trabajar en nuestra felicidad. Podemos aprender a ser felices.

Aunque todas las personas queremos ser felices, muy pocas saben cómo conseguirlo. Comúnmente tenemos visiones distorsionadas sobre qué nos hará y qué no nos hará felices. En las siguientes líneas tratamos de resumir lo que la ciencia ha averiguado al respecto.

¿Qué no nos hace felices?

  • Sucumbir a las circunstancias de la vida y pensar que no podemos hacer nada, que somos inmutables. Como hemos visto, una gran parte de nuestra felicidad depende de nuestra actividad intencional.
  • Poner el foco en el dinero. El dinero es necesario para cubrir unas necesidades materiales mínimas. Sin embargo, una vez garantizado que damos respuesta a estas necesidades, disponer de más dinero, no nos ayudará a ser más felices. Incluso, se ha observado que los niveles de felicidad de las personas con mayores capitales pueden ser inferiores al resto.
  • Priorizar el dinero sobre el tiempo. El tiempo es uno de los recursos más escasos y valiosos de los que disponemos y el que nos permite disfrutar de las experiencias de la vida.
  • Priorizar los bienes materiales sobre las experiencias. Un bien material no nos permite disfrutar como lo hace una experiencia y rápidamente dejamos de apreciar su valor.
  • Proyectar nuestra felicidad en los eventos destacables de la vida. Nuestra tendencia natural es proyectar nuestra felicidad a cuando consigamos algo (un ascenso, una pareja, un viaje, etc.). Sin embargo, las evidencias científicas demuestran que transcurrido un tiempo tras el evento nuestro nivel de felicidad vuelve al rango que teníamos antes de que sucediese ese suceso. El mismo patrón se observa con los eventos negativos de la vida: pensamos que nos van a arruinar la vida, aunque somos capaces de recuperarnos pronto.
  • Anteponer valores extrínsecos a valores intrínsecos. Cuando nuestros valores son extrínsecos, tendemos a fijarnos en otras personas o valores y a compararnos con ellos lo que genera gran frustración. Para evitar esto, es muy recomendable desarrollar valores intrínsecos a través de los que nuestro objetivo y determinantes somos nosotros mismos. La rueda hedonista. Es un fenómeno por el que una vez que alcanzamos algo que queríamos dejamos, con el tiempo, de darle valor y hace que nos sintamos insatisfechos y queramos, de nuevo, más.

Entonces, ¿qué nos hace felices?

Alcanzar la felicidad duradera es un proceso que requiere de esfuerzo, compromiso y el desarrollo de habilidades. No podemos entender la felicidad como un destino, sino como un camino.  No existe una receta única para todas las personas, el “café para todos” y probablemente en momentos distintos de nuestras vidas necesitaremos poner más atención a unas cosas que a otras. No obstante, las habilidades necesarias para cultivar la felicidad se pueden entrenar y aprender. A continuación indicamos unas líneas generales que cada persona y comunidad puede adaptar a sus circunstancias concretas:

  • Aristóteles afirmó que “Conocerte a ti mismo es el comienzo de toda sabiduría”. Desarrollar intimidad con nosotros mismos y conocernos nos ayuda a entendernos, tomar consciencia de nuestros pensamientos, palabras y acciones y tener mayor libertad de actuación.
  • Cuidar la salud ya que el bienestar corporal influye en el bienestar psicológico[i]. Para cuidar la salud es conveniente tener hábitos de vida saludable, como cuidar la alimentación, el ejercicio físico, el descanso y evitar intoxicantes.
  • Cultivar relaciones personales de alta calidad. Tanto ofrecer como recibir apoyo social se asocia al bienestar. Los buenos amigos ofrecen un amortiguador contra los eventos negativos de la vida y proporcionan un sentido de pertenencia[ii]. Algunos de los elementos que pueden ayudar a desarrollar buenas relaciones son el cultivo de la gratitud, la amabilidad, la generosidad y la prosociabilidad. Por ejemplo, los resultados de muchos experimentos sugieren que usar el dinero para beneficiar a otros conduce a un mayor nivel de bienestar que el alcanzado si lo usásemos para uno mismo[iii].
  • Aprender a cooperar y reconciliarnos. La cooperación es más innata a las personas que la competencia y las especies más evolucionadas son las que pueden cooperar mejor. Por otro lado, los conflictos en la vida son inevitables, por lo que es necesario aprender a perdonar y poder hacer un diagnóstico precoz de las circunstancias que puedan acontecer para procurar que generen el menor daño posible.
  • Compasión y ética. Probablemente estos conceptos sean algunos de los peor entendidos en nuestra sociedad. Entendemos la compasión como el deseo profundo de querer aliviar el sufrimiento (o insatisfacción) ajenos y no está relacionada con la pena, al contrario de lo que generalmente se piensa. En muchas culturas, la compasión es uno de los principios fundamentales en el camino de la felicidad. Para poder practicar la compasión hacia los demás, es fundamental trabajar la autoestima y poder practicar la compasión hacia uno mismo. Disponer de un código ético sólido puede ayudar a tomar decisiones más auténticas.
  • Estar atento y vivir en el presente. Tendemos a que nuestras mentes vaguen en el pasado o en el futuro, lo que nos impide centrarnos y disfrutar del presente. A través de la meditación se puede desarrollar esta habilidad. Además, la meditación ofrece otros beneficios como el incremento de las emociones positivas que redundan positivamente en nuestro bienestar.
  • Desarrollar un pensamiento feliz y saludable que nos permita vivir mejor. Dentro de esta categoría se incluye la aceptación, el optimismo, la gestión emocional, el cultivo de la resiliencia, cultivar la capacidad de seguir aprendiendo, la experimentación, el establecimiento de objetivos, la búsqueda de flujo y el significado.

[i] Diener et al. (2019)

[ii] Gable & Bromberg, (2018).

[iii] Helliwell, Layard, & Sachs (2019)

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